Para mí, liderar es fundamentalmente movilizar. El líder es quien guía a los equipos hacia los resultados, pero no como responsable único de esos resultados, sino como responsable de la vida
Martha Lucía Maldonado, Gerente General y líder de las operaciones de WOBI para América del Sur y América Central
Durante la última década, Martha Lucía Maldonado—conocida como Malula en el ecosistema empresarial latinoamericano—ha orquestado desde Colombia y Costa Rica una misión singular: democratizar el acceso al pensamiento empresarial más avanzado del mundo. Como Gerente General y líder de las operaciones de WOBI para América del Sur y América Central, Maldonado no solo gestiona eventos; ha construido un puente estratégico entre las mentes que definen el futuro del management global—desde Simon Sinek hasta Brené Brown, de Daniel Pink a Adam Grant—y los líderes que transforman organizaciones en mercados emergentes.
WOBI, reconocido por presentar a los 300 pensadores más influyentes en negocios y liderazgo a través de sus emblemáticos World Business Forums en Nueva York, Bogotá y otras capitales globales, representa la solución de contenido ejecutivo más prestigiosa y completa del mercado. Bajo el liderazgo de Maldonado, la operación regional no solo ha consolidado su posición como referente indiscutible en capacitación ejecutiva de élite, sino que se prepara para una expansión significativa en América Central, región donde la firma identifica un potencial estratégico considerable.
Lo extraordinario del rol de Maldonado radica en una paradoja fascinante: tiene acceso ilimitado y directo a exactamente lo que cualquier ejecutivo o empresario desearía tener a mano—el conocimiento destilado de los máximos expertos mundiales en management, liderazgo y transformación empresarial. Esta posición privilegiada funciona en doble sentido: por un lado, le permite nutrirse constantemente de las mejores prácticas y el pensamiento de vanguardia; por otro, le exige una coherencia absoluta entre el conocimiento que comercializa y el liderazgo que practica. No puede vender transformación sin transformarse. No puede evangelizar sobre liderazgo empático sin vivirlo diariamente. Esta tensión creativa entre conocimiento y práctica, entre teoría de élite y ejecución real, es lo que ha forjado su filosofía de liderazgo: profundamente humana, rigurosamente informada y absolutamente aplicable.
Su trayectoria—desde la publicidad hasta la dirección comercial en la Cámara de Comercio de Bogotá, culminando en la consolidación de WOBI en la región—revela un patrón consistente: la capacidad de movilizar equipos no a través del control, sino mediante la comprensión profunda de las personas que los conforman. En esta conversación, Maldonado destila una década de aprendizaje junto a las mentes más brillantes del management contemporáneo en insights prácticos y accionables para cualquier líder.
FactorLiderazgo.org: Comencemos por la esencia. Después de una década dirigiendo WOBI e interactuando constantemente con las mentes más brillantes del management mundial—desde Sinek hasta Goleman—, ¿cómo define el acto de liderar sin sentirse abrumada por tantas voces autorizadas?
Martha Lucía Maldonado: Para mí, liderar es fundamentalmente movilizar. El líder es quien guía a los equipos hacia los resultados, pero no como responsable único de esos resultados, sino como responsable de la vida—citando a Simon Sinek—de las personas que los entregan. Esto implica estar en sintonía con lo que le sucede a cada individuo: cómo está emocionalmente, si se siente a gusto, si encuentra significado en su trabajo.
Evidentemente, esas mentes brillantes han influido en mi perspectiva—de eso se trata precisamente. Han sido un ejemplo gigante. Pero si tuviera que definir un rasgo distintivo que aplico, es el liderazgo empático. No hay manera de movilizar efectivamente si no desarrollas empatía genuina con tus equipos. Y cuando hablo de empatía, me refiero a algo tridimensional: el pilar cognitivo, que es entender intelectualmente al otro; el emocional, que es comprender sus sentimientos; y uno situacional, que considera el contexto específico de cada persona. Para mí, la empatía y la inteligencia emocional son los dos pilares no negociables del liderazgo efectivo.
FL: ¿Cómo ha evolucionado esta concepción a lo largo de su carrera? ¿En qué punto el liderazgo dejó de ser gestión y se convirtió en algo más profundamente humano?
MM: En los últimos 10 años, desde que entré a WOBI, mi liderazgo se ha vuelto mucho más centrado en lo humano, decididamente más humanista. Y tengo una convicción clara: el liderazgo se dirige hacia lo humano por las buenas o por las malas. O lo entiendes y lo adoptas proactivamente, o te enfrentas a nuevos modelos de trabajo, nuevas generaciones y nuevas expectativas donde el jefe que controla simplemente se queda atrás, irrelevante.
Hay un cambio de hábito muy concreto que ilustra esta evolución. Antes, en las reuniones de resultados, empezaba hablando directamente del número, de la métrica. Ahora he dejado de hacer eso completamente. Empiezo por el proceso o por la persona, exploramos juntos el camino, y luego llegamos al resultado para dar el feedback. Parece sutil, pero cambia radicalmente la conversación y, más importante aún, cambia radicalmente la relación.
FL: Hablemos de ese momento crucial de transformación personal. Usted venía de publicidad cuando María Lucía Flores, en la Cámara de Comercio de Bogotá, le ofreció la Dirección de Afiliados, un rol eminentemente comercial. ¿Qué sucedió?
MM: Cuando me ofrecieron ese puesto, mi primera reacción fue el miedo disfrazado de honestidad: “No me siento capacitada porque yo no soy comercial”. Su respuesta marcó un antes y un después en mi carrera y, probablemente, en mi vida: “No hay mejor comercial que un publicista que vende ideas”. Esa frase me impulsó a aceptar el reto.
Allí empecé a hablar directamente con empresarios, a entender sus dolores genuinos, sus angustias reales. Aprendí que vender no es repetir un catálogo o recitar características de un producto. Vender es comprender profundamente la necesidad del otro, traducir soluciones en su lenguaje, crear valor en sus términos. Esa reinterpretación de un rol—ver la venta como la venta de ideas, como conexión humana—fue el motor de mi desarrollo profesional. Es la prueba viva de cómo la reinterpretación de un rol puede ser absolutamente transformadora.
FL: Más allá de su círculo profesional inmediato, ¿qué líderes contemporáneos o históricos admira y qué criterio utiliza para esa admiración?
MM: Admiro a líderes que, más allá de sus logros cuantificables, sean buenos seres humanos. Por ejemplo, Bill Gates por su propósito de aportar a la humanidad, desligado del ego personal—esa transición de titán corporativo a filántropo comprometido es extraordinaria. También al Papa Juan Pablo II, un líder que movilizó con un impacto inmenso, aunque reconozco que también tuvo aspectos controvertibles. Esto me recuerda una frase que me marca: “el fanatismo anula el entendimiento“.
A nivel de empresarios más locales o regionales, admiro profundamente a David Vélez de Nubank por su capacidad de reimaginar servicios financieros en América Latina, a los fundadores de Rappi por su audacia para crear categorías nuevas, y a Arturo Calle por su humildad genuina y su compromiso social inquebrantable. Hay algo común en todos ellos: lideran desde el propósito, no desde el ego.
FL: ¿Cuál considera que ha sido su mayor acierto como líder, y cuál el mayor reto o error del que haya extraído una lección definitiva?
MM: Mi mayor acierto, y algo que llevo con orgullo genuino, es haber hecho crecer y consolidado a WOBI en Colombia y la región como un referente indiscutible. No solo en términos de negocio, sino en términos de impacto en el desarrollo de liderazgo ejecutivo de alto nivel.
El mayor reto—más que un error propiamente dicho—fue cuando fui gerente de mercadeo en un centro comercial y, al destituir a la gerente general, me dejaron a mí encargada temporalmente. El equipo sintió que yo la había “sacado” estratégicamente para quedarme con el puesto, lo cual no era cierto. Fue extremadamente complejo imponer mi liderazgo con un grupo en contra mientras debía seguir entregando resultados en un contexto hostil. La lección más importante que extraje fue que el liderazgo debe ganarse con la verdad y la coherencia, incluso—y especialmente—en las situaciones más adversas. No hay atajo para la confianza; se construye con consistencia entre lo que dices y lo que haces.
FL: Dentro de WOBI, con acceso privilegiado a los mejores pensadores del mundo, ¿qué procesos concretos implementan para asegurar que ese conocimiento no solo se venda, sino que se viva internamente?
MM: La gran ventaja competitiva es que tenemos acceso ilimitado a todo nuestro contenido—más de 300 horas de las mentes más brillantes del management global. Pero aquí viene lo interesante: hay una exigencia directa por parte de nuestro CEO de que consumamos activamente estos contenidos. No es una sugerencia; es un mandato cultural que asegura nuestra formación continua y, crucialmente, el profundo conocimiento del producto que vendemos.
No puedes vender transformación si no te transformas. No puedes evangelizar sobre liderazgo efectivo si no lo practicas. Esa coherencia entre lo que ofrecemos al mercado y cómo operamos internamente es fundamental. En WOBI Colombia nos llaman “la pequeña isla de la felicidad” porque hemos logrado crear un ambiente donde la honestidad y la franqueza son valores transversales, donde hay espacios genuinos para compartir, y donde el aprendizaje es continuo y obligatorio.
FL: Hablando de su equipo, ¿podría presentarnos a alguien que le haya sorprendido, no tanto por sus resultados cuantificables, sino por su impacto silencioso y su evolución personal?
MM: Me impacta profundamente el caso de una mujer que entró para vender tickets por teléfono. Era una persona sumamente nerviosa, temerosa, con muy poca seguridad. Hoy, después de casi nueve años, es una persona con una seguridad interior inmensa, producto de la oportunidad laboral que tuvo, sí, pero sobre todo del ambiente que la sostuvo durante su transformación. No solo vende bien—eso es casi secundario—sino que ha transformado su vida personal completamente. Esa es la esencia del liderazgo: crear contextos donde las personas pueden florecer.
De hecho, si mañana tuviera que intercambiar roles con alguien de mi equipo por un mes, solo por el desafío puro, elegiría precisamente ese rol: una de las ejecutivas que vende tickets por teléfono todo el día. Me parece una labor dificilísima y profundamente admirable, que requiere una resiliencia constante, una capacidad de manejar el rechazo continuo y aún así mantener la energía y la convicción. Es un ejercicio de fortaleza mental extraordinario.
FL: De todos los grandes pensadores que ha presentado WOBI—hablamos de decenas de autoridades globales—, ¿hay alguno que le haya marcado especialmente por su coherencia entre lo que dice en el escenario y quién es fuera de él?
MM: He admirado a muchos, pero si tengo que nombrar a alguien con quien he interactuado directamente y puedo afirmar sin duda que es exactamente la misma persona arriba y abajo del escenario, ese es Mario Alonso Puig. Lo que dice es lo que es. No hay pose, no hay personaje construido para las cámaras. Esa congruencia es rara y valiosa. Es el mejor indicador de que alguien realmente vive lo que predica.
FL: Ahora, mirando hacia adelante: ¿Cuáles son los desafíos más importantes que enfrenta hoy desde su posición de liderazgo en WOBI, y cómo impactan la Inteligencia Artificial y las nuevas tecnologías en la forma en que se ejerce el liderazgo?
MM: Mi desafío más grande hoy es numérico y de crecimiento estratégico. Vamos a hacer crecer a WOBI de manera significativa en Colombia y toda Suramérica. En términos muy concretos, debo escalar nuestros eventos principales de 2,000 personas actuales a 3,000 muy pronto. Es un desafío de escala, pero también de mantener la calidad y el impacto mientras creces.
Respecto a la IA y las tecnologías emergentes, tengo una perspectiva muy clara. Dado que el liderazgo tiende a ser cada vez más humano—por necesidad, no por opción—, la IA va a influir de una manera muy específica: Los líderes ya no tendrán que estar tan enfocados en “jalar” el resultado operativo, en la microgestión de procesos. El liderazgo migrará a enfocarse cada vez más en liderar a las personas en toda su integralidad—sus aspiraciones, sus miedos, su desarrollo, su bienestar. La tecnología se encargará de la eficiencia; los líderes deberán encargarse de la humanidad.
FL: Como aliado estratégico de FactorLiderazgo.org, al igual que La República, WOBI comparte el propósito de desarrollar el liderazgo en la región. Considerando el potencial de América Central y específicamente Costa Rica, ¿de qué manera concreta podría WOBI, en alianza con medios como La República, generar un mayor impacto en esta región?
MM: Es precisamente esa visión compartida de desarrollo del liderazgo lo que nos motiva. Como empresas que apoyan activamente el propósito de FactorLiderazgo.org, WOBI está completamente anuente a desarrollar su actividad en conjunto con La República y otros actores comprometidos con la transformación empresarial en América Central.
Veo tres caminos claros y concretos para materializar este impacto. Primero, facilitando que los empresarios de América Central asistan a nuestros foros presenciales de alto nivel. Por ejemplo, a través de alianzas estratégicas con medios como La República, podríamos ofrecer condiciones especiales significativas—descuentos del orden del 25%—que eliminen barreras de entrada para líderes de la región. Esto democratiza el acceso a contenido de clase mundial.
Segundo, mediante WOBI Membership, nuestra plataforma digital que permite acceder a más de 300 horas de contenido premium. Aquí también podríamos trabajar en conjunto para crear paquetes especiales que lleguen a más ejecutivos de la región, democratizando el acceso al pensamiento empresarial más avanzado sin necesidad de viajar.
Y tercero, la posibilidad real de que WOBI incremente sustancialmente su participación y establezca una operación más robusta en América Central. Este es un proyecto que se postergó inevitablemente por la pandemia, pero la expansión geográfica siempre ha estado en nuestros planes estratégicos y es algo que estamos volviendo a evaluar activamente. Hacerlo de la mano de aliados como La República y FactorLiderazgo.org, que comparten nuestra visión y ya tienen presencia consolidada en los mercados locales, potenciaría significativamente el impacto. El potencial de la región es evidente; es cuestión de timing y de construir las alianzas estratégicas correctas.
FL: ¿Cómo ve la evolución de su industria—eventos y formación empresarial—en los próximos 3 a 5 años?
MM: El sector se dirige inevitablemente hacia una mayor especialización y diferenciación para poder destacar y, francamente, sobrevivir. La época de los eventos genéricos terminó. La calidad del contenido, la curación rigurosa de speakers, la especialización temática y la capacidad de ofrecer experiencias verdaderamente transformadoras—no solo informativas—serán los factores diferenciadores clave. El contenido commodity está muerto; la experticia curada y contextualizada es el futuro.
FL: ¿Cómo cuida su salud mental y física en un rol tan demandante? ¿Qué hace para desconectar genuinamente del trabajo?
MM: Hago ejercicio con regularidad—es no negociable. Mi principal forma de desconexión es social: me encanta la vida social, salir con amigos, lo que coloquialmente llamamos “la rumba”. También leo casi todas las noches; es mi ritual de transición del día a la noche.
Pero mi hobby más particular y, honestamente, lo más terapéutico del mundo para mí es tejer. Cuando lo hago, me elevo mentalmente, desconecto por completo. Hay algo profundamente meditativo en el acto repetitivo, en crear algo tangible con tus manos, en ver un patrón emerger lentamente. Es mi válvula de escape perfecta.
FL: Si tuviera que resumir el liderazgo en una única lección magistral—la esencia destilada—, ¿cuál sería?
MM: Empatía e inteligencia emocional. Sin estos dos elementos, todo lo demás es simplemente gestión, no liderazgo. Puedes tener la mejor estrategia del mundo, los mejores recursos, el mejor timing de mercado—pero si no tienes la capacidad de conectar genuinamente con las personas, de entenderlas en sus tres dimensiones (cognitiva, emocional y situacional), no podrás movilizarlas efectivamente. Y sin movilización genuina, no hay liderazgo real.
FL: Finalmente, ¿qué legado le gustaría dejar en el desarrollo de futuros líderes, y qué consejo daría a la próxima generación que está asumiendo roles de liderazgo ahora?
MM: Me gustaría que me reconocieran como una líder empática—no perfecta, pero genuinamente comprometida con las personas. Mi legado tiene que ver con contribuir a que los líderes aprendan a ser más empáticos con sus equipos, con sus organizaciones, con su entorno y con las comunidades que impactan.
Y mi consejo definitivo para la próxima generación es este: No hay manera de liderar efectivamente si tú como persona no estás en equilibrio. Mi principal recomendación es que nunca dejen de revisarse a ustedes mismos. Es fundamental evaluarse constantemente, chequearse como personas, trabajar en su propio equilibrio emocional y mental mientras ejercen el liderazgo. El liderazgo externo es imposible sin el liderazgo interno. La autoevaluación constante no es opcional; es la primera tarea del líder.










