"No necesito genios a mi lado. Necesito gente esforzada, con actitud positiva."
Julio César Trejos - Gerente General del Banco de Costa Rica
En un país donde la movilidad social pareciera haberse estancado, la historia de Julio César Trejos desafía los lugares comunes sobre el ascenso corporativo. No estamos ante el típico relato meritocrático de superación personal—aunque lo incluye—, sino frente a un caso de estudio sobre cómo la resiliencia estructural puede transformarse en capital de liderazgo cuando convergen valores fundacionales, oportunidades históricas y una vocación genuina por el desarrollo de otros.
Trejos no llegó al Banco de Costa Rica (BCR)—una de las instituciones financieras más grandes y emblemáticas del país—por las vías tradicionales del poder. Lo hizo a través de un concurso público que filtró 365 candidatos. Antes de eso, había renunciado a un puesto directivo para acompañar a su hijo adolescente en una beca internacional, una decisión contra-cultural en el liderazgo corporativo costarricense. Y mucho antes, había sido un niño que lavaba autobuses a las tres de la madrugada para que su familia pudiera desayunar.
Esta entrevista captura no solo la arquitectura de una carrera bancaria de 38 años, sino también la filosofía de liderazgo que emerge cuando la adversidad temprana se traduce en empatía operativa. Trejos lidera el BCR en un momento crítico: la banca enfrenta una transformación tecnológica inevitable que plantea dilemas éticos profundos sobre el futuro del empleo y el rol social de las instituciones estatales. Su respuesta a estos desafíos—pragmática pero humanista, técnica pero profundamente relacional—ofrece un modelo alternativo de liderazgo para tiempos de disrupción.
ORÍGENES Y FORMACIÓN DE VALORES
FactorLiderazgo.org: Julio César, cuéntenos sobre sus inicios: su infancia, su entorno, cómo fue creciendo y las experiencias que lo marcaron hasta llegar a su primera posición de liderazgo.
Julio César Trejos: Nací en una familia de recursos limitados, entre Escazú y Pavas. La inestabilidad del hogar me llevaba de un lugar a otro, pero mi escuela fue la Carlos Sanabria Mora.
Era un chico sano, con la convicción firme de superarme. Veía a mi familia con limitaciones económicas considerables. Mi madre trabajaba en una maquila textilera manejando máquinas overlock; así nos sostenía. Pero cuando se quedó sin empleo, un tío que manejaba autobús me ofreció trabajo. Con ocho años empecé como cobrador y en las noches lavaba buses, subiéndome a una escalera. A veces terminaba a las tres de la madrugada. Gracias a eso desayunábamos al día siguiente.
“Así empecé a vivir la necesidad de superación. Siempre estuvo en mí.”
Aunque estaba en escuela pública, siempre procuré obtener las mejores notas, creyendo que eso me llevaría por el camino del éxito. A pesar de nuestra pobreza, había valores en mi casa que me ayudaron a tener un norte.
Estuve en el Liceo de Pavas hasta tercer año y luego me pasé al Colegio Técnico Cotepecos, porque cuando uno salía de ahí le daban trabajo. Tomé la decisión de estudiar técnico medio en contabilidad. En 1987 terminé el colegio y me asignaron a un banco para la práctica profesional.
Nunca había entrado a un banco en mi vida. Mi familia no tenía ningún producto financiero.
FL: ¿Cómo fue ese inicio en el banco?
JT: Entendí que era mi oportunidad de oro, no tenía otra. La práctica era de dos meses y medio. Me entregué intensamente para que vieran mi trabajo. Los viernes, a las siete u ocho de la noche, yo estaba trabajando siendo practicante, haciendo comprobantes, dejando todo listo para el lunes. Eso fue dejando huella.
Finalizada la práctica, en diciembre del 87, iba todos los días a ver si había alguna plaza vacante. Tenía 18 años. Un día me dicen que en cobranzas andaban buscando al practicante que había estado ahí porque había una incapacidad por maternidad, pero no lo localizaban. Me dijeron: ‘Si al viernes no lo localizo, lo llamamos a usted.’
Imaginen cómo pasé esos días. Nunca apareció el otro y me llamaron. Así es como inicio mi carrera bancaria, el 18 de enero de 1988.
FL: Usted mencionaba que en su hogar había valores. ¿Cuáles eran y de quién emanaban?
JT: Mi abuela, Austelina Herrera León, es la piedra angular de todo. Llegó hasta tercer grado de escuela, su esposo era policía destacado en la Isla San Lucas. Cuando mi mamá trabajaba, ella me cuidaba. Ahí es donde me inculcan los valores: el respeto, nunca tomar lo ajeno, valorar a la gente. Y estudiar. Decía: ‘Julito, siempre estudie, la única forma de salir adelante es estudiando.’ Me quedó grabado para siempre.
“Yo la llamo Mamá, con mayúscula. Estoy donde estoy y llegué a donde llegué por cómo ella me guió. Marcó en mí quién soy.”
Ella nació el 26 de julio de 1911, sin educación formal, y fue quien me dio los valores que no aprendí en ninguna escuela de negocios. Soy el producto de esa visión de Estado que hubo.
FL: ¿Su entorno familiar eran su mamá y su abuela?
JT: Tengo tres hermanos. Al nacer no conocí a mi papá; mi mamá me crió, me cuidó. A mis diez años ella decide casarse y tiene tres hijos más. Me quedé con mi abuela.
A partir de ahí mi relación con mi abuela fue grandísima, porque me tocó la adolescencia con ella. Imagínese una señora de más de 55 años quedándose con un niño de diez años.
Cuando entré a primer año de colegio, a los 13 años, dije: ‘¿Para qué voy a estudiar? Voy a ser chofer de bus, esto es lo que me gusta.’ Mamá (abuela) insistía: ‘Julito, estudia.’ En segundo año me fue tan bien que fui presidente del aula. En tercero, fui el tercer mejor promedio del liceo. Eso me fue motivando a seguir estudiando.
CONSTRUCCIÓN DE LA CARRERA PROFESIONAL
FL: ¿Cómo continuó su formación académica?
JT: Siempre había querido estudiar economía y el banco en el que laboraba me ayudó a pagar la carrera. Después complementé con una Maestría en Banca y Finanzas y otra en Administración de Negocios.
Siempre me ha gustado leer, aprender. Veo algo y empiezo a entenderlo, a desarrollarlo, a ver qué puedo hacer diferente.
Tengo un rasgo que es virtud y viene de mi mamá. Ella está constantemente transformando. Yo tengo eso: veo algo y busco cómo mejorarlo.
FL: A pesar de esa dura infancia, ¿soñaba en algún momento con tener una posición de liderazgo?
JT: Nunca me imaginé estar en una posición como Gerente de uno de los bancos más grandes del país. Mi sueño era estar bien con mi familia. ¿Qué era estar bien? Que no nos faltara nada, poder alimentarnos, que si tuviera un hijo pudiera llevarlo a una escuela mejor. No aspiraba a lujos. Era mejorar lo que yo no tuve.
Con mi primer salario, el 18 de enero del 88, pude comprar dos cosas: mi primera bicicleta, que en mi infancia no tuve, y un Walkman con casete.
FL: ¿Hubo algún momento en que sintiera un llamado a liderar?
JT: Naturalmente he liderado grupos. Soy ordenado, focalizado, orientado a resultados. Siempre quise destacarme, siempre quise hacer una diferencia positiva. Si algo está bien, quiero hacerlo mejor. Eso siempre estuvo en mí.
CRISIS Y CATARSIS: LA PRUEBA DE FUEGO
FL: ¿Cuál fue la decisión más difícil en su carrera?
JT: Del 2006 al 2011 me desempeñé como Director Regional en Guanacaste y Puntarenas. Prácticamente me alejé de mi familia, de mi hijo y mi entonces esposa. Fueron cinco años tremendos, pero era la única forma de crecer, de acceder a un puesto gerencial.
La cultura era radicalmente diferente a San José. La gente no se alegró con mi llegada; sentían que no promovieron a alguien de la zona. Empecé a liderar, a trabajar, a arremangarme. En 2007 empezamos a lograr resultados significativos.
Y en febrero de 2008 llega la crisis inmobiliaria global. Los extranjeros que habían comprado propiedades ‘ocean view’ a cinco mil dólares el metro cuadrado abandonaron todo. La mora se disparó. Esos cinco años fueron de intenso aprendizaje, pero también hubo dolor.
“Yo vivía en Escazú y venía cada quince días. Antes de la Ruta 27, eran cuatro horas por Cambronero o Monte del Aguacate. Salía los lunes a las tres de la madrugada, detrás de los tráileres. Fueron cinco años ausente. Me perdí fechas importantes de mi hijo. Por eso no tuve dudas en acompañarlo cuando salió la beca.”
FL: ¿Cuál fue el mayor error en su gestión como líder?
JT: Cuando asumí en Guanacaste y Puntarenas, siendo del Gran Área Metropolitana, la cultura era radicalmente diferente. La gente no se alegró con mi llegada; sentían que no promovieron a alguien de la zona. Desde el primer minuto estaban adversos.
“Al año era uno de los directores con mayor credibilidad. Al llegar éramos la zona 6 de 6. Durante los cinco años que estuve, fuimos la número uno de forma sostenida.”
La única manera de ganar credibilidad en esas situaciones es acercándose, aunque sientas que te adversan. Si demuestras que llegas con buenas intenciones, a escucharlos, a conocer sus situaciones, la gente empieza a creer. La credibilidad no se impone, no se ordena. Se gana.
EVOLUCIÓN COMO LÍDER
FL: ¿Cómo ha evolucionado su concepción de liderazgo desde esos primeros años?
JT: Cuando cumplí ocho años en el sector bancario, empecé a descubrir el valor de conversar con la gente, de escucharlos genuinamente. Yo aprendía de ellos.
Me empezó a apasionar que la gente se proyectara, que tuviera oportunidades reales de crecimiento. Me llena de orgullo cuando mi gente expone y hace una presentación espectacular. Me siento igual de satisfecho que si la hubiera hecho yo.
Y la pasión. No puedo exigirle a alguien que tenga pasión, pero yo la tengo. Soy apasionado en todo lo que hago. Si tuviera que definir mi estilo de liderazgo: es cercano y con intensidad emocional. Me entrego a la gente.
FL: ¿Qué retos ha tenido desde su papel como padre?
JT: Tengo un hijo, Julián. Renuncié a un puesto anterior cuando le dieron una beca en el exterior, en Wisconsin, y lo acompañé. Regresé en pandemia y sin empleo. Después de más de treinta años cobrando un salario cada viernes, de repente ya no lo tenía. Tuve que reinventarme.
Empecé a brindar consultoría a clientes del sector turismo y transporte que buscaban negociar prórrogas con los bancos. Así me sostuve durante ese periodo.
FL: ¿Qué significó ir a acompañar a su hijo a hacer la beca, qué lo motivó?
JT: Fue extraordinario. Solo tengo un hijo, y tenía 17 años. Decidí que viviera esa oportunidad y dejar mi trabajo.
MENTORES Y REFERENTES
FL: ¿Quién fue su mentor más influyente?
JT: A nivel personal, Mamá, mi abuela. Es la piedra fundacional de lo que soy y de mis valores.
En lo profesional, don William Hayden Quintero, quien fue Gerente General de banca estatal en dos oportunidades. Coincidimos cuando adquirí cierta madurez profesional y ya le reportaba directamente. Me impactó por su estilo, por su forma de ver el negocio y por su don de gente.
“Era sorprendente: absolutamente todo lo que llegaba a su despacho, lo leía. Cada libro gerencial que le parecía valioso, lo repartía con el equipo. Con él entendí que un buen líder quiere que su gente esté igual o mejor preparada que él.”
Me exigió. Fue duro. Luego entendí que quería sacar lo mejor de mí. Me preparó y después me dio la oportunidad de asumir Guanacaste y Puntarenas. Me enseñó dos cosas fundamentales: la parte técnica y el tino para descubrir y desarrollar talento.
FL: ¿Hubo otro mentor significativo?
JT: Don Fernando Naranjo. No era banquero de formación, pero tenía una visión estratégica extraordinaria y un don de gente memorable. Su fortaleza no era la banca, pero buscó y se rodeó de los mejores.
“Era como un dron: tenía visión periférica, podía ver el panorama político, económico y financiero simultáneamente. Con él aprendí que no es necesario saberlo todo si se sabe rodear de quienes tengan las habilidades necesarias.”
Fue quien me trajo de regreso de Guanacaste y me dio la oportunidad de ir al BBVA en España. Por su carrera política, lo conocía por televisión. El día que lo conocí personalmente, su trato me hizo sentir que me valoraba, que me conocía de años. Procuro implementar eso en mi gestión.
FL: ¿Qué líderes universales admira?
JT: Por mi fe, admiro al Papa, no uno en particular, sino al Papa en general. Cuando vino Juan Pablo II estuve en La Sabana. Tenía 13 o 14 años, andaba cobrando en el bus y me quedé. Creo que Dios tiene un propósito en la vida para cada uno.
Y Julio César. Seguramente porque me llamo igual. He leído y estudiado todo lo que he podido recopilar. Admiro cómo preparaba las batallas, cómo con menos recursos ganaba. Si ve ahí en mi mesa hay un ajedrez. No es que juegue frecuentemente; es que representa la estrategia. La vida es estrategia: movimiento calculado, prudente, anticipar consecuencias.
FILOSOFÍA DE LIDERAZGO
FL: ¿Qué hace que un líder tenga credibilidad?
JT: Es un gran reto. Llevo dos años aquí. Mi planteamiento fue: ¿cómo hago para que 4,750 colaboradores crean en mí y en el mensaje que llevo?
Siendo cercano a la gente, escuchándolos, invitándolos a aportar. Demostrando que todos son importantes. Una gerencia de puertas abiertas.
Asumir el rol de líder no es solo hablar y mandar modelos de negocio. Es hacer sentir a la gente que estamos a su lado, que los escuchamos. Siento que el liderazgo, en mi caso, es un don.
FL: ¿Cuál es su concepción personal de liderazgo?
JT: Un líder debe ser transparente y auténtico. Liderazgo es escuchar, es estar a la par.
“No necesito genios a mi lado. Necesito gente con determinación, con ganas de trabajar, con actitud positiva para ir por los mismos ideales compartidos.”
No es la actitud del jefe típico que manda una circular exigiendo resultados pero el viernes a las tres se va. Es estar con ellos, cercano, escuchándolos.
FL: ¿Cuáles son los valores innegociables?
JT: La transparencia. Prefiero una persona que me advierta que no estamos cumpliendo con ciertos objetivos a que me brinden datos incorrectos o me los oculten. Eso es un componente esencial de la integridad.
EQUIPOS Y DESARROLLO DE PERSONAS
FL: ¿Cómo escoge a su equipo?
JT: En banca generalmente se escoge por la parte técnica. Y está la valoración del ejecutor, quién puede dar resultados.
Hoy los procesos de selección dejaron de basarse en relaciones; ahora hasta la más alta gerencia tiene que rendir cuentas. Escojo a las personas que ejecutan y dan resultados. Y procuro que sean buenas personas. Es una tarea nada fácil.
FL: ¿Cuáles son las reglas innegociables en un equipo que usted lidera?
JT: Mis valores. Integridad: deben ser personas íntegras. No me importa si alguien me dice que está atrasado o que no logró algo. Pero no acepto que alguien dé datos falsos.
No necesito personas brillantes. Valoro personas con determinación, comprometidas, con buena actitud. Si son brillantes, genial. Si no, también está bien. Tener un genio con mala actitud, ¿para qué me sirve?
“Hoy incluso la inteligencia se puede suplir mejor: con un buen prompt en ChatGPT obtenemos esa inteligencia sobradamente. Lo que no se puede suplir es el carácter.”
FL: ¿Qué porcentaje de su tiempo dedica a desarrollar personas?
JT: De mis doce horas mínimas diarias, diría que el 30 por ciento lo dedico a transmitir valores y liderazgo con mi equipo. Me apasiona transmitir la experiencia que he acumulado.
Soy detallista. En cualquier presentación veo los detalles, hago recomendaciones. Realizo un esfuerzo consciente por hacerlo con empatía. He aprendido que uno debe bajar el ego, el título, la silla, y tener una comunicación más llana.
VISIÓN ESTRATÉGICA PARA EL BCR
FL: ¿Cómo ingresó al Banco de Costa Rica?
JT: Por concurso. En junio de 2023 salió la Subgerencia de Banca Corporativa. No iba a participar. Faltando dos días para el cierre, decidí mandar mi perfil.
Se presentaron 365 candidatos. Después de varios filtros quedamos treinta. El 19 de diciembre de 2023 la Junta Directiva me seleccionó. El 8 de enero de 2024 inicié funciones. A septiembre habíamos logrado el cien por ciento de las metas anuales, después de tres años sin lograrlas.
“¿Cómo lo hicimos? No inventé ningún producto. Era la misma Banca Corporativa, los mismos productos. La solución fue arremangarse, convencer a la gente, acompañarlos, no dejarlos solos. Cuatro meses después fui nombrado Gerente General.”
FL: ¿Cuál es la causa o propósito más profundo que los mueve en el BCR?
JT: El enfoque del banco es de mayor impacto social y económico. Este ha sido un banco corporativo durante sus casi 150 años. Pero la tendencia ha cambiado.
El retail tiene un foco importante en este momento. Dentro de ese modelo de negocio estamos hablando de personas: trabajadores independientes, jefas de hogar con emprendimientos, Pyme.
FL: ¿Cuáles son los principales desafíos estratégicos del banco?
JT: Impacto social. Queremos llegar a más sectores Pyme que no estamos abarcando. Tenemos una cartera de 3.85 billones de colones, uno de los bancos más grandes del país en activo productivo.
Queremos acompañar a las Pyme para que superen el umbral de los 36 y 48 meses que viven actualmente.
También el tema de automatización: la banca del futuro es la que tenga el menor costo operativo, no necesariamente la que venda más. Estamos incorporando digitalización e inteligencia artificial.
FUTURO Y TRANSFORMACIÓN
FL: Si desarrollan un programa que aumenta la productividad en 40% pero implica sustituir 400 personas, ¿cómo manejaría esa situación?
JT: Es un planteamiento no lejano de la realidad. Ya lo he pensado. No va a ser un banco, van a ser varios. La sumatoria de todos esos compañeros que saldrán de la banca podría ser una situación crítica. Y uno está incluido en eso.
Creo profundamente en las Pyme. Tuve la fortuna, aunque fue duro, de estar desempleado y no tener otra opción que reinventarme. A veces esos espacios de reinvención hacen que uno haga cosas que no imaginaba ser capaz.
“En los próximos cinco años, el banco que no tenga implementaciones robustas de inteligencia artificial quedará fuera de mercado. Si no se da la transformación, no se van 40 o 50 personas: se van todos. Cierra el banco.”
La disminución de planilla es innegable, irreversible. Pero las tercerizaciones que los bancos vamos a necesitar podrán ser asumidas por la misma gente que saldrá de la banca. Ahí surgen oportunidades de emprendimiento, con el apoyo del programa Pyme.
MÁS ALLÁ DEL ROL
FL: ¿Cuál es el sacrificio personal más grande que su posición le exige?
JT: Tengo claro que el banco es importante para el colaborador, su trabajo. Pero no lo es todo. A mis 38 años en esta industria, sé lo demandante que es. Y tengo clarísimo que es necesario un equilibrio de tres dimensiones: personal-familiar, laboral y espiritual.
“Ese equilibrio es tan fino que en el momento que se recargue una dimensión, algo de las otras deja de funcionar. Si le dedico 14 o 15 horas al banco, me queda poco para lo demás.”
FL: ¿Cómo desconecta de la alta dirección?
JT: Disfrutar a mi familia: mi mamá, mi hijo, mis hermanos. Salgo a caminar, a trotar los fines de semana. Me gusta estar en casa, leer, investigar. Es mi espacio de reposo que me permite tener doble potencia en el trabajo.
Me gustan libros de temas gerenciales, nuevas tendencias, estrategia. Veo alguna serie en Netflix.
LEGADO Y MENSAJE FINAL
FL: ¿Por qué obra le gustaría ser recordado como líder?
JT: Me gustaría ser un facilitador de crecimiento, por ejemplo ser habilitador para que la gente estudie, salga adelante. Disfruto cuando la gente llega de circunstancias difíciles y empieza a crecer.
“Nada llega por suerte. Nada. Dios le ayuda a uno, pero usted tiene que aprovechar las oportunidades. Me gusta ser esa persona que pueda brindarlas. Yo estoy hoy aquí porque alguien me las brindó.”
FL: Un consejo que no esté en los libros de liderazgo para la próxima generación de líderes.
JT: Este país necesita gente trabajadora, enfocada, que aproveche las oportunidades. Las hay, aunque podrían ser más. Vean al país, vean a sus familias, véanse ustedes aprovechando esas oportunidades y no tomando otros caminos que parecen fáciles.
Las oportunidades existen, pero hay que buscarlas, crearlas, y prepararse. Nada es por suerte. Usted se prepara y llegan las oportunidades. Si usted no está preparado, las ve pasar.
FL: ¿Qué mensaje de esperanza e inspiración nos deja?
JT: No hay nada más satisfactorio que salir adelante con su propio esfuerzo, aprovechar las oportunidades y sobre todo, ayudar a la gente.
Algo que aprendí: cuando uno es jefe joven, se quiere comer el mundo, comete imprudencias, habla fuerte. A mí me pasaba que me acostaba y a las dos de la madrugada estaba despierto, esperando las seis para ir a pedir disculpas. Me cansé de dar disculpas por ser tan impulsivo.
“Se levanta en paz, se acuesta en paz. Y la mejor forma es no maltratar a nadie. Usted puede ser exigente, querer lo mejor. Pero somos humanos. Duro con el problema, suave con las personas.”
FL: Si pudiera enviarle un mensaje a su versión más joven, ¿qué le diría?
JT: Tengo que ser franco. Es la primera vez que hablo tan abiertamente sobre mis orígenes en una posición como esta. Antes no lo hablaba por vergüenza. Hoy, cuando lo menciono, trato de ser oportuno porque alguien podría pensar que me estoy victimizando. No es así. Simplemente es mi realidad.
“Le hablaría al niño que no se rindió. Que no aflojó. A esa persona que, a pesar de las circunstancias, logró su cometido con dos o tres personas que tal vez académicamente no eran brillantes ni tenían doctorados, pero le dieron cuatro o cinco valores y el impulso para lograr su sueño. Eso es lo que me llena.”










